“Mamá, no quiero quedarme con el abuelo. Me hace jugar a cosas que no me gustan”.
Detrás de esta frase puede haber un familiar con poca traza para entretener a una niña o un niño, aunque lo primero que se nos pasa por la cabeza es estar ante la revelación de un abuso.
Aparecen muchos miedos. Entre ellos el de dar voz a la menor, protegerla, lo que implica alejarla del abuelo hasta llegar a una conclusión que desestime el abuso, y que la investigación posterior desvele que no estaba pasando nada grave. Sentir que podemos ser responsables de destruir una familia por unos hechos que nunca pasaron.
Sin embargo, actuar es el único camino para evitar que la intervención en un posible caso de abuso se produzca, si es que llega a producirse, años después de que esa o ese menor se atrevieran a confiar por primera vez en un adulto. Si no obtiene apoyo la primera vez que habla, el miedo a volver a intentarlo aumentará y el agresor tendrá vía libre para seguir accediendo a su víctima durante años.
¿Qué debemos hacer ante una revelación infantil?
Antes de todo te diré lo que no debes hacer. No pongas en tus preguntas palabras, acciones o hechos que antes no hayan salido de la boca del menor.
Después de la revelación que inicia este texto nunca preguntes “Pero, ¿qué hace? ¿Te toca?”. La menor puede interpretar que ese es el comportamiento incorrecto que da valor a sus palabras, llegando incluso a incorporar a su relato hechos que nunca han ocurrido.
En su lugar realiza preguntas abiertas que se desprendan de manera natural de lo que ha revelado “¿Qué cosas son las que no te gustan?”
Si lo que no le gusta es el tipo de juego, con facilidad podrás orientar al abuelo a otra actividad más preferida para la niña y resolver la cuestión sin que la sangre llegue al río.
Ahora bien, si la menor refiere comportamientos compatibles con un abuso debemos actuar:
-de nuevo, no hagas preguntas concretas que introduzcan acciones que no han sido descritas antes. Es fácil que generes memorias incorrectas que, en el caso de tratarse de un abuso, invaliden el testimonio de la menor, que en muchas ocasiones es la única prueba para este tipo de casos
-Formula otra pregunta abierta relacionada con lo que haya explicado hasta ese momento, por ejemplo: «¿Y qué más hacéis en el juego?» o «¿Dónde jugáis?»
– No preguntes cuándo ocurrió. Si la menor no sabe responder, podrías interpretar erróneamente que está inventando la historia, cuando nada más lejos de la realidad. La memoria autobiográfica no suele almacenar fechas concretas, salvo que estén asociadas a un contexto muy específico, como recordar que en la habitación estaban los globos de una fiesta de cumpleaños.
–Mantén la calma. Si la menor percibe que estás muy alterada, puede pensar que está haciendo algo mal y dejar de hablar.
–Dile que te alegras de que te lo haya explicado
– Explícale que lo que ha contado es importante y que, precisamente por eso, debéis hablar con personas que puedan ayudar a que esa situación no vuelva a ocurrir.
–Presenta la denuncia en la policía. De manera inmediata y acompañada de la menor. Es importante que su testimonio se recoja cuanto antes, para evitar que pueda verse alterado, ya que probablemente constituya la principal prueba del caso.
Es difícil denunciar a tu padre o a tu suegro. Piensa que más difícil es sufrir un abuso, día tras día, de las personas que supuestamente deben cuidar de ti.
Por eso, porque probablemente sea una de las situaciones más duras y complejas a las que puedas enfrentarte en la vida, te recomendamos que busques el apoyo de personas de confianza que puedan acompañarte durante todo el proceso para que puedas convertirte en el pilar que sostenga y guíe a esa niña o niño a salir de esa terrible situación.
